Alguno pudo hacernos creer que el silencio es salud alguna vez.
Pero no es así.
Cuando el silencio es introspección puede ser parte del crecimiento espiritual, cuando quien hasta ayer se comunicaba deja de hacerlo, refleja otra cosa.
Valga la presente introducción, para manifestar mi intención de retornar al ruedo.
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¿Cual fue el motivo para ese silencio?
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La vida misma (no el gran hermano), que a veces impide que no tengamos tiempo para el placer de exteriorizar nuestros pensamientos y solo deja margen a la rutina cotidiana.
La vergüenza por tener que "comerme" mis propias palabras, cuando algunas circunstancias me hicieron saltar el "chip" y no cumplí con aquello que me había propuesto...
En fin, pero si hay algo alentador es que como dice el viejo proverbio:
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Día tras día, nace un buen día. El espíritu siempre, contento hoy
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Para terminar la confesión, soy de aquellos que aunque sucumban más de una vez, soy porfiado como el clavo enmohecido y no me siento vencido ni aún vencido como diría Almafuerte.
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Por lo tanto, que lo sepa el mundo todo, HE REGRESADO.
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