Tanto silencio merece una explicación. Así que ahí va.
La última vez que me senté escribir estaba justo por comenzar mis vacaciones, lo que a cualquiera le representa un motivo de relax, a mi no ya que el vértigo de los días previos a mi partida me generan un stress que "te la voglio dire". Debo dejar un montón de cosas previstas y eso me mata.
Me fui nomas y me tocaron todos días tan lindos que ni siquiera el hecho curioso y puntual que paso a relatar, fue capaz de empañar tanto brillo.
Regresaba con los míos de la playa, tan descalzo como los otros días, tan descalzo como todos los que allí estaban,... pero yo y solamente yo tenía que venir a pegarle semejante patadón a un "algo de cemento" que bien podría ser un sobrante de algunos baldes de mezcla o parte de alguna construcción de vaya saber que civilización deseosa de volver a ver la luz del sol.
El resultado un dedo del pie derecho negro e hinchado como una morcilla.
Si eso no es mala pata,...¿ que puede serlo?
sábado, 3 de febrero de 2007
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