viernes, 5 de enero de 2007

Querer Entenderse

Seguramente de todas aquellas personas que alguna vez han querido entenderse, el caso de Oflodor y Seniairam, merece destacarse en forma especial.
Todo empezó cuando tuvieron un fortuito encuentro a las orillas del Río Zambembe, en algunos de los 2700 km que recorre desde su nacimiento en el norte de Zambia hasta su desembocadura en el Océano Indico.
Vaya a saber por que vericueto del destino, la avioneta en la que se trasladaban ambos, se desplomó cual ave herida de un piedrazo, sin que nadie les informe exactamente donde se encontraban.
Siendo ambos descendientes de cosacos rusos, todo hubiera hecho pensar que se entenderían a la perfección, pero las historias de sus antepasados marcarían diferencias insanjables.
Los ancestros de Oflodor ante la primera amenaza de revuelta popular, dejaron la Rusia Imperial dispuestos a servir para otra guerra, recalando en la Argentina para acriollarse tanto, como el mate amargo.
En cambio los de ella, supieron quedarse a resistir con verdadera entereza moscovita, desde los Zares a la “perestroika” sin cambiar de anden ni despeinarse.
El resultado en ambos casos y para el tema que nos ocupa, resultó ser una descendencia conocedora únicamente de su propio idioma y de ningún otro que los preparara para una ocasión como ésta.

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Esto me hace acordar una anécdota que el otro día mi padre me contaba entre turrones y sidras de fin de año. Estando de paseo por Checoslovaquia y queriendo comunicarse con el conserje le preguntó:
- ¿Parla italiano?

Como única respuesta recibió la siguiente y corta frase:
- Me dispiache.

“Convencido de que el malparido del conserje, bajo esa sonrisa no hacía más que decirle que “no le gustaba el italiano o los italianos, mi viejo lo quería tortear ahí nomás”.

Pero mucho peor se sintió cuando le informaron que el señor le estaba diciendo: "Discúlpeme".

¿ Y la que me pasó a mi? Es mundial.... resulta que... ¡Uy dió!,... ¡Como se han ido los renglones! Odio tener que decirlo,... pero sigo en la próxima.

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